Escapando del Mundo 4: Rumbo a Praga

Rumbo a Praga

Consulté el reloj de pulsera que llevaba, un regalo de mi madre, otra punzada al corazón me señaló la misma hora en que había cogido el tren, hacía apenas 24 horas… Mi cabeza volvió a dar vueltas.
-Lucía, ¿qué estás haciendo? ¿te has vuelto loca? Tenía claro que sí, me había vuelto completamente tarumba desde que había empezado mi “romance” con Pedro. Me resistía a pensar en todas las cosas que había dicho o hecho, no quería pensar ni en cómo me encontraba. Totalmente deshecha. Pasaba los dedos por mi frente como tratando de borrar los pensamientos que me iban asaltando, traté de distraerme y me incorporé, iría al lavabo a refrescarme.

mano
Reloj de pulsera

Dos asientos más atrás estaban Carmen y Charo charlando animadamente y consultando la guía del viaje a Praga, -eso mismo, debería hacer yo, pensé- Hoteles, días, recorrido, no había mirado nada sobre el tour al que aquellas dos hadas me habían invitado. Me sentía en adopción, como si llevara un rótulo en la cabeza “Adopte a un viajero”, sería una buena campaña de marketing pensé y sonreí.
El grupo lo formábamos unos 30 turistas al cargo del cual estaba Robert, muy profesional en todo momento en el aeropuerto, facturación, billetes, abrazos y saludos, puertas de embarque, etiquetas, etc. Prácticamente se conocían todos de muchos viajes, Carmen me presentó como si fuera su sobrina, Robert me miró con cara de disgusto, y ella le fulminó con la mirada, movió la cabeza a modo de impotencia.
Seguí caminando hacia el aseo del avión y ¿cómo no? lucecita roja de ocupado, me apoyé en la pared a esperar.
En los últimos asientos me llamó la atención una tos, miré y aparentemente había una pareja descansando tapados con la misma manta del avión. El hombre se movió un poco, una cabellera rubia de mujer reposaba sobre su hombro dormida. Sentí una punzada de recuerdo, una pareja que se quiere… La imagen de Pedro cruzó por mi cabeza y cerré los ojos para borrarla.
Otra vez oí al hombre emitir un extraño sonido y entonces lo ví, la rubia acariciaba la entrepierna de su novio, suavemente, por fuera del vaquero. La manta se había deslizado un poco con el movimiento y desde mi altura me quedé mirando confusa lo que ahí sucedía. La chica presionaba y deslizaba su mano a lo largo del miembro de su novio, podía ver como iba aumentando su tamaño en respuesta a las caricias de aquella mano de largas uñas de esmalte rojo, él hundió su cabeza en el pelo de ella besando su cuello, colocó la mano sobre la de ella para que presionara más acompañándola en los movimientos. Veía que aquel pantalón se estaba quedando pequeño para esa erección, el hombre buscó la boca de ella, y pude ver su lengua adentrarse con fuerza en ella, que gimió al notarlo dentro, su clandestinidad iba a ser descubierta, mientras la mano de él buscaba un pecho donde acompañar a su excitación.

caricias
Caricias

El problema era que aquel espectáculo me estaba afectando más abajo de lo que yo hubiera pensado, tuve que apretar las piernas un poco, me sentía humedecida y un rubor me subía por la cara y el cuello. La mano de él se adentró por el escote de la rubia de grandes pechos, por lo que veía, y se perdió jugando con sus pezones rosados y endurecidos. Ella abrió el pantalón de su novio y liberó a aquella presa tiesa que pedía cariño a latidos venosos, se acordó de la manta y se cubrió, pero yo veía esa mano jugando con el glande hinchado de su compañero, rozándole los testículos, subiendo y bajando, él intentó dar placer a su pareja, y escuché como ella le susurraba -déjate hacer cariño, llevo un año echando de menos esta maravilla.-

Beso

Coloqué mi mano sobre la boca ahogando mi impresión, -Dios mío, era Robert y la rubia divorciada del grupo.- Allí estaban, en pleno vuelo. Lo oí gemir en su oído y unir su mano a la de ella para acompasar la faena,- Me estás volviendo loco, Claudia.
De pronto la puerta del aseo se abrió.

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