Cena de amigos

piernas

13 de abril 2013

Había pasado algún tiempo desde que habíamos empezado a tener nuestros encuentros clandestinos.

Cuando no estábamos juntos nos pasábamos el día interactuando por escrito, que es como mejor llegan a la mente las palabras.

Aquella noche teníamos la típica celebración de amigos, nosotros con nuestras respectivas parejas y la norma “no escrita”, entre nosotros, de no hacer nada sexual en esos momentos, simplemente por respeto.

Nos sentamos juntos como era habitual y mi pareja ya se había pasado con el alcohol, como también era habitual. Yo estaba tensa, porque es un plasta cuando está así.

Comenzamos a cenar, yo llevaba un vestidito corto, porque eran los que más te gustaban, solo para tus ojos. Un poquito escotado, diría yo. Me había perfumado con Carolina Herrara, que es el perfume que uso, no porque me guste, sino porque es un regalo, prefiero los olores frescos. Pero a ti parece que te gustaba perderte en mi olor.

En un momento de tensión, durante las conversaciones en la mesa, rozaste mi mano con suavidad y te miré a los ojos, tu brillo era extraño, un poco malvado, así que me ruboricé y cogí la copa de vino que tenía a mano y di un sorbo. Mientras, comenzaste a deslizar tu mano subiendo por mis piernas, despacio yo dejaba bajar el vino por mi garganta.
Mis labios se humedeciéron con el sabor del vino. Intenté aparentar serenidad mientras tus manos alcanzaban la parte superior y oculta de mis piernas. Tosí para disimular mi excitación y empezaste a acariciarme siguiendo con la conversación general, como si nada estuviera pasando.
Yo me iba humedeciendo y a la vez enfureciendo por tu autocontrol, como si nada pasara. Así que, directamente, coloqué mis manos en tu miembro y comprobé que algo sí estaba ocurriendo. Estaba duro e iba creciendo, lo comencé a manosear rodeándolo, presionándolo con mis dedos. Seguías hablando y yo quería que te callaras… mientras tus dedos me intentaban penetrar a través de la ropa, uff qué barbaridad!.
Así que cogí tu glande y jugué con él a través del pantalón y eso te hizo toser y apartar mi mano. A la vez que la apartabas de mis piernas con mis braguitas ya humedecidas.

Era obvio, que, así, no nos podíamos quedar, pero a dónde íbamos para calmar y saciar nuestros cuerpos hambrientos. Pues al lugar típico donde ocurre todo en estas situaciones, al cuarto de baño. Primero me levanté yo y, en seguida, me seguiste tú.

Los demás ya estaban contentos y a lo suyo, así que nosotros también contentos y a lo nuestro.

Cerraste la puerta devorando mi boca contra la pared, primero suave, delicioso y cálido; luego, con más voracidad, tú ibas bebiéndote mi boca y yo la tuya, chupaba tus labios, que me encantan. Con besos por el cuello comenzaste a descender por mi escote, acariciando uno de mis senos, que se endurecían al contacto de tus dedos, metiste la mano por entre la ropa y los acariciaste, besaste y chupaste.

Qué delicia! Gemí.

Mis piernas se abrían para atrapar tu miembro duro entre ellas y poder ir calmándome un poco. Me gustaba sentirse así entre la ropa. Me quitaste las medias y las braguitas ya humedecidas y ahí, de pie, contra la puerta, comenzaste a chuparme todos mis labios, despacio y mi clítoris que vibraba al sentirte.

Me temblaban las piernas y me apoyé en tus hombros para no caer, mientras introducías tus dedos en mi vagina. Salían repletos de miel, me miraste y te chupaste los dedos bañados de mí, luego me besaste para que yo sintiera mi propio sabor.

Comencé a desnudarte, mientras no dejaba de besarte, me habías puesto bastante salvaje, casi te arranco el cinturón de las ganas de liberar tu miembro que tenía y poder metérmelo dentro.

Tranquila loba, me dijiste. Y yo sonreí y me intenté calmar.

-Ven, que te voy a llevar a mi infierno, para que no te olvides de mi en una temporada.

Me subiste al lavabo, abriste mucho mis piernas y sin darme tiempo, de golpe, la tenía toda dentro, creo que grité y tu gruñiste, luego la sacaste despacio totalmente bañada y lentamente la volviste a introducir, besábamos todo lo que estaba a nuestro alcance, tú mis pechos, yo tu boca y tu pecho, a veces cuando llegabas muy dentro se me escapaba un mordisco, por no gritar, o te clavaba las uñas.

Penetraste en mi muchas veces, era un delirio. Cuando no podíamos más me sujetaste del hombro y me pegaste más a ti, y sin ninguna piedad comenzaste a empujar a un ritmo frenético yo acabé gritando, mordiendo tu brazo, y entonces tú me llenaste gruñendo en mi oído, dejándome tu respiración y jadeos como una música en mi cabeza. Y abrazándonos después en tiernas caricias y besos.

Nos vestimos y salimos….La fiesta continuaba.


4 comentarios sobre “Cena de amigos

  1. Penetro en tu sección de comentarios…jajaja todavía estoy bajo el influjo de la pasión sofocante…y me encuentro con mi gran Crys y la nueva musa de la narrativa erótica: Angela Ceniza.
    El otro día ya lo había leído…con ansiedad..de corrida…hoy lo he hecho lentamente…a sorbos…bebiendo hasta la última gota ..y debo, es justo, necesito decirte que lo haces muy bien.
    Por mi….no cambiaría ni una coma. Gracias querida amiga.

  2. Mis mejores fans, gracias Ignacio y Crys, de véras. Conseguís que escribir sea divertido. Poco a poco iré viendo los comentarios, no me da tiempo a todo.
    Aviso hoy publico nueva entradita un pelín fuerte. La estoy puliendo. Besos y abrazos a los dos.

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