Cuando despiertes

El rayo de sol filtrado entre la madera apunta a tu iris verde miel.
Como si llevaras muchas vidas sin dormir, despiertas totalmente descansado.
Aún somnoliento, una sonrisa se perfila en tus labios, sin saber porqué.
Te sientes bien, nada oprime tu corazón, antaño tan dolorido.
Tus ojos se abren y miran a tu izquierda.
Y la ves ahí, dormida, respirando plácidamente.
Su pelo extendido sobre la almohada, ese cabello en el que hace unas horas hundiste tu cabeza para aprenderte su aroma.
Esos rizos que acariciaban tu cuerpo,
esa cara que besabas apasionadamente, enredándote en su pelo.
La sábana la deja semi desnuda, observas sus curvas donde te has sostenido en la noche, haciéndole cada uno de tus sueños en su cuerpo entregado a cada uno de sus sueños cumplidos.
Sueños cumplidos en la piel y en cada uno de los sentidos.

Llevas su olor en la piel del alma.

Su boca jugosa de cereza, el limón con miel de su piel, el mar de su cielo, han sido las delicias del sabor de su amor.
Las yemas de tus dedos se han limpiado la tinta en la suavidad de su piel.
El dulce canto de los gemidos insaciables, profundos e ininterrumpidos, la más bella armonía que nunca olvidarás.
En tus ojos su mirada clavada, brillante, de fuego ardiente al conducirla a una intensa muerte tan dulce y vibrante en tu interior.
Un día cuando despiertes vuestros sueños gemelos se habrán cumplido.

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