Día uno, año cero, te amo.

Año Cero

Uno de Enero de 2015.
Medio acostada delante de un papel en blanco con miedo a escribir.
Como si el simple hecho de esbozar una palabra pudiera ejercer un profundo hechizo para el resto del año.
Parto de un año cero en muchos sentidos de mi vida,
un nuevo año de vida, de libertad, de esperanza, de risas y alegrías.
Todo es nuevo y, salvo algunos días grises, debería brillar más que nunca.
Un año de medias sonrisas entre letras, de ojos vivos,
de respiraciones pausadas, sin temores, sin monstruos, sin silencios atragantados.
¿Te ves fuera de mi página del día porque no te nombro?
Ninguna referencia al amor como si lo hubiera desechado al cajón del olvido, de los sueños perdidos, de los caminos que se separan para, ya nunca, converger.
Aún te preguntas si estás, si estoy, si somos o no somos,
si seremos, si llegaremos, si nos tendremos más allá de todos los miedos e imposibles.
Amor, es como te llamo, y es que,
mi querido amor,
 aún no te das cuenta que te llevo en la mirada soñadora,
 en mis pestañas voladoras, en mi respiración pausada, plena y sonriente.
 En ese latido más fuerte del corazón que golpea mi pecho y eleva mi seno hacia tu distancia.
En esa fuga de la mitad de mi alma que va contigo por las sendas de tu vida.
Estás, a día uno, en cada partícula de mi ser,
 estás aquí tumbado sonriendo a mi lado, callado mientas te escribo,
 anhelando que suelte este papel y que sean la piel y los besos nuestra única realidad.
Día uno, año cero, te amo.

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