El equilibrio del mundo

Mi alma quebrada, dividida entre la luz del mundo

y la oscuridad de aquella bestia musculosa y vigorosa

raptada de mi vida de luces, cantos y alegrías,

hacia la frialdad de un corazón que sólo calentaban las llamas del infierno.

Sería mi amo, mi dueño y mi señor,

quedaría expuesta a las tinieblas de su alma en pena,

a los insaciables deseos de su cuerpo tosco y viril.

A la lascivia de su boca sometiendo mi inocencia a todos sus anhelos.

A un mundo donde lo más próximo al latido de un corazón,

quedaba reservado al éxtasis final,

con mi frágil cuerpo derrumbado perdido en las tinieblas.

A veces, lo veía llorar, sumido en la soledad de su alma,

me preguntaba por qué me había elegido a mí,

si aquel lugar estaba repleto de mujeres hechas para cometer en ellas todos los pecados,

Las poseía de manera brutal, en grupo y con palabras obscenas,

ellas disfrutaban de su amo y señor de la oscuridad,

de manera muy distinta que a mí.

Una noche me acerqué a secar sus gélidas mejillas,

odiaba su oscuridad, su mundo y su condena a no poder amar,

desconociendo que ya amaba lo que yo poseía,

la luz, la esperanza y la alegría.

Así, decidí amarlo, porque cegado por mi luz

no se había percatado de mi propia oscuridad.

mundo
El Rapto de Proserpina

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