Felicidad, soledad y crueldad

Hace unos días nadaba libre y feliz
por todos aquellos lugares que había soñado
sin saber, sin pensar, sin conocer, sin sospechar
que estaban todos o casi todos allí,
en ese mar azul donde el cielo se confunde.
Cada día descubría una isla, un cuadro, un pintor,
que retenía en mi memoria para podértela contar.
Estaba allí en mi mundo del mar,
en aquellas calles que tú habías pisado,
con aquella Luna que tu viste una vez,
en aquellas aguas que te habían mojado.
Me sentía tan libre y feliz
que cuando volví a intuirte gris me revolví,
no quería volver a tus colores de dolor,
tu callaste y yo intuí.
Me creí tan llena de libertad
que no vi la soledad y tristeza que se cernía sobre ti.
Como un odioso karma circular que no nos permite ser felices.
Podrías haber disfrutado de mi felicidad,
que era lo que pretendías silenciando tu dolor.
Pero me volví cruel y egoísta,
la ignorancia no exime de la culpa.
Te habría llevado a volar conmigo,
si lo hubiera sabido.
Te habría ahorrado reproches,
ahora no tengo voz,
porque me ahogan las palabras dichas.
La soberbia, el engreimiento y
el sentirme libre y superior.
Quizás me excuses y me perdones,
pero ahora ni me excuso, ni me escondo, ni me perdono yo.
Quizás te sirva y hayas visto que he sido feliz,
pero yo no puedo con tu dolor.
Sí, me duele tu alma callada
y desearía abrazarla y no soltarla.
Sí, me duele haber volado mientras tú caías
intentando agarrarte a mis alas mientras te soltaba
Sin saber, sin saber…

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