Jugando a pertenecernos

Disfruto haciéndote sentir que te pertenezco.

Disfruto haciéndote sentir que puedes moldear mi cuerpo
a tu placer,
 sentándome sobre tu miembro al completo.
Oigo ese sonido tan tuyo en el que piensas que me llenas,
y, sin embargo, es mi interior el que se cierra sobre ti,
quedando atrapado en mis paredes.

Una vidriosa mirada, un beso jugoso

y una consentida pausa para sentirnos muy quietos.

Tus manos se deslizan por mi cara,
descienden por mi cuello,
mi cuerpo se convierte en arcilla maleable.
Arquitecto de mi cuerpo excitado
transformado en arco de media punta,
en donde mis pechos apuntan directos al borde de tu boca.
Son bebidos, lamidos y mordidos.
Mis caderas danzan al ritmo de tus besos,
al morder mis pechos me elevo sobre tu miembro
envolviéndolo, casi soltándolo de mí,
para dejarme caer hasta dentro de ti,
y así, robarte un gemido.
Tus brazos sujetan la parte superior de mis glúteos,
mientras tu boca besa mi vientre y mi ombligo.
Me dejo caer hacia atrás sobre tus piernas,
y bailo, y bailo
y tus manos buscan el grito entre mis piernas.
Y rozas y rozas
y ya no quiero ser tuya,
quiero que tú seas mío  .
Me incorporo y comienza la lucha vital de retarnos a placer.
Mi lengua se clava en tu garganta, mostrándote hasta dónde quiero que me llenes.
Mi trasero se mueve frenético sobre tu miembro.
Sé lo que piensas, en aguantar…
Sé lo que pienso, en acabarte a ti.
Pero me agarras con fuerza,
me impones tu ritmo,
y gimo y gimes.
Atrapo al fin de la lucha tu labio inferior, mientras explotamos juntos.
En nuestra eterna batalla en la que no hay perdedores,
pero sí, dos cuerpos vencidos sobre las sábanas.

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