Juguetitos sexuales

Escondido, en el fondo del armario, guardaba el vibrador que sus majestades, Los Reyes Magos de Oriente, me habían regalado para jugar.
Realmente, no había sentido, hasta hace poco, la curiosidad por usarlo. Quizás porque no tenía en mente nadie con quien compartirlo. Quizás porque quería expulsar de mi mente el hecho de hacer el amor contigo. Con una fantasía fugaz…
Me tumbo en la cama boca arriba, deslizo mis braguitas, y, contigo en mente, empiezo a deslizarlo en modo suave entre mis piernas. La sensación es muy estimulante, es como una boca que se desliza entre el clítoris y los labios vaginales. Solo lo deslizo arriba y abajo, mientras tiembla por mi sexo, despacio, la vibración es extremadamente gratificante. Voy apretando los botones cambiando las intensidades, mientras pienso que me chupas entera, que es tu boca la que se desliza entre mis piernas. Con suaves caricias.
Todavía no he jugado a introducirlo en mi sexo, no sé si lo haré, no me gusta mucho meterme cosas dentro, salvo lo que es obvio, una buena polla. (Qué poca vergüenza!!)
Disfruto de la suavidad del látex por mi sexo que se va humedeciendo y noto como lo va mojando todo. Es muy efectivo, y guau, aplicado en el punto exacto veo las estrellas. Mi cuerpo estalla, mi espalda se levanta por completo de la cama y tiemblo, cierro las piernas con el vibrador entre ellas y me hago un ovillo, mientras mi sexo vibra y moja todo y aprieto los botones para acabar la dulce tortura.
Mi cuerpo se relaja y olvido ya todo, menos a ti.

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