Los hombres perfectos.

Las noches de Luna Llena no consigo dormir, dando vueltas en la cama y desesperada por coger el sueño tuve la osada curiosidad de ponerme a leer diversas historias escritas por el género masculino sobre el ideal de mujer. Perpleja quedé ante la abrumadora e incoherente cantidad de calificativos distintos para ser la mujer perfecta. De pronto me vi, maldita imaginación, en la película de Nicole Kidman “Las Mujeres Perfectas” de Frank Oz, el mago; transportada a no sé qué época y a no sé qué parte del cerebro masculino de algunos. No se me ofendan señores.

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Las mujeres perfectas
Debo admitir que he vivido rodeada de hombres, he crecido con ellos y he sido una amiga más hasta que la madre naturaleza me dotó de un buen par de tetas. Mi vida cambió por completo, mis amigos se tensaban a mi lado, me invitaban, temblaban, palpitaban ¿qué les pasaba a esos críos? Hasta que, claro, empezaron los rumores que si le gustas a éste, que si le gustas a aquel, que si diosa, que si soy la chica más guapa que han visto en su vida, venidos desde distintos lugares del planeta. Mi vida adolescente se llenó de halagos en cuestión de “contorno por año”. Sinceramente, ese ha sido el único complejo que tuve respecto a mi físico, tras completar mi transformación a mujer.
La vida me ha llevado a oír a mujeres guapas desear reencarnarse en alguna que otra top-model, diosa de la belleza y yo contestar que volvería a ser yo, no quiero ser otra, vamos que no me veo yo siendo la reina de los mares. Perfecta no soy, ni maravillosa menos pero la naturaleza me ha hecho guapa, no es mérito mío, ni le doy importancia. Volviendo al tema que divago mucho…
Tras leer (ya entraré en “las conversaciones de los hombres”, léase en tono grave) varios comentarios he sacado una lista de cómo es la mujer perfecta. Requisitos (ignoren los consejos y sean libres):
– Inteligentes.
– Guapas.
– Devoradoras de bibliotecas.
– Buenas madres.

– Trabajadoras.
– Cuerpazo firme.
– Excelentes conversadoras.
– Divertida.
– Deportista.
– Una fiera sexual, contorsionista preferiblemente.
– Quejicas fuera…
Lo primero que hice fue el cálculo del tiempo requerido para poder llevar a término tamaña hazaña, ni se lo planteen imposible no hay horas. Busqué otra fórmula, la económica, formación, cursos, gimnasios, operaciones tras los partos, una no queda igual después de ser mamá. Así se redujo el círculo señores y con éstas condiciones no es de extrañar que algunas mujeres sólo se fijen en la cuenta bancaria de un hombre, es imposible ser “perfecta” sin dinero, según estos patrones.
Me fui enfadando en mis lecturas, siempre me han parecido gilipollas esos tipos que escriben o hablan de las mujeres como si ellos fueran Adonis y me adentré en mis conversaciones con algunos de ese tipo de hombre. Sí esos hombres con sus tripillas o tripotes cerveceros que hablan mal de las mujeres (al resto los adoro) a los que con mi dulce vocecita les digo -Pero ¿tú te has mirado al espejo? Mientras la mandíbula se me desencaja hasta el suelo ante sus comentarios.
Cierto es que ahora se cuidan más y que a mí el físico, ni químico, ni abdominales perfectos (mmm), ni brazos firmes y musculosos donde aferrarse, ni unos buenos glúteos (guau), ni unos pectorales de infarto, ni siquiera unas fuertes piernas, ni unas ingles marcadas (me estoy perdiendo), ni un amante que dure horas y horas extasiándote, ni una excelente conversación de voz profunda inteligente y sensual, ni esa ternura que te desarma, ni la simple diversión causan el más mínimo efecto en mí. Imposible chicas ¿cierto?
Concluyendo, que es gerundio, si así nos quieren nosotras los adoraremos así también, más vale que nos toque la lotería a todos para ser perfectos queridos y queridas mías.

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