Los Quijotes de Cervantes

Cualquier persona entendería que la palabra escrita, en los diversos canales que ofrece la tecnología hoy en día, para que las letras viajen de un lugar a otro del mundo, no etiquetada como autobiográfica, es simple y pura creatividad del autor, autora o autores.
El mundo de las letras no pasa por sus mejores momentos en los tiempos que corren. Llevo años trabajando y en contacto con personas que se dedican a la simple difusión de la palabra, de las letras, de fantasías, de política, de arte, cultura, cine, etc.
A esto nos dedicamos las “musas” hoy en día, ofrecemos inspiración, imágenes, gustos, preferencias, opiniones, música, alegrías o miserias.
Sigo colaborando en distintas redes sociales, facebook, twitter, distintos blogs, google+. Y  todos los administradores en estos medios vemos como la palabra ha dejado de importar, dando paso a querer saber de la vida personal de la persona que escribe, que simplemente comunica, desde el anonimato o con nombres y apellidos, distintos pseudónimos para proteger “precisamente” nuestra intimidad.
He visto a distintas compañeras abandonar las páginas que tanto tiempo nos han llevado crear por miedo, acusadas de estar liadas con cualquiera al que lean, al que elogien, al que reblogueen, etc.
Un mundo de ridículos censores, lapidadores de mujeres, de viejos verdes o de marujas aburridas, sin distinción de clase, sexo o cultura.
SIGLO XXI
Me veo a mi misma a través de esos falsos Quijotes que asimilan las letras sin comprenderlas, sin saber viajar por ellas, y en sus pequeño mundo burbuja imaginan quién está “tirándose virtualmente” a la mitad del planeta.

Beethoven

Siempre aparece la misma pregunta en las redes ¿a qué músicos resucitaríais? Personalmente, escojo a Mozart o a Beethoven. Es posible que para los ojos quijotescos de las redes sociales fuera la amante de alguno. Una de las muchas mecenas de Beethoven, una musa más, una amante más.
Sería la musa de Velázquez, de Monet, de Sorolla por sus playas y atardeceres con paraguas de puntillas y sombreros al viento.
Vendería mi alma por haber sido la inspiración de Shakespeare, Dostoievski, Tolstoi o Edgar Allan Poe.
Pero nada más lejos de la realidad, soy la musa de mi pareja, que a veces escribe y otras me acompaña con asombro por estos caminos extraños en los que se encuentra el mundo de las letras, editoriales, público, marketing y opiniones amplias y variadas.
Aprendamos a ser personas en el camino, no piedras.

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