Noches de Abril

(Música para entrar en calor)

Yo no suelo beber, soy de esas personas que le gusta controlar su estado, pero aquella noche estábamos todos de fiesta y de celebración, ahora no recuerdo bien qué se celebraba. El caso es que tú estabas ahí, alegre, con esa mirada arrebatadora y esa sonrisa que hace que me tiemblen las piernas cada vez que la veo.
Necesitaba beber para poder aguantar estar a tu lado sin que se notaran las ganas que tenía de ti. Las copas, los bailes y las miradas furtivas iban y venían.

Aquella noche me había arreglado especialmente bien para que tú, mi deseo, te fijaras en mí, esperando tan solo captar un poco tu atención, ya que siempre estabas rodeado de hermosas mujeres. Bailábamos y de vez en cuando me rozabas y yo dejaba mi cuerpo apretado al tuyo para sentirlo, al menos por unos instantes. cuando tus piernas chocaban con mis medias notaba el calor de tu piel a través de tu ropa.

Tienes la piel muy caliente.
Como ahora no se puede fumar en los bares, menos mal, salí a la calle. Estaba un poco mareada, al instante saliste tú,- boom mi corazón-, y me ofreciste fuego la llama reflejó el fuego de mis ojos y pude acercarme lo suficiente a ti, para que entrevieras mi escote.
No sé ni de que hablamos, solo sé que nuestros ojos se miraron, me cogiste de la mano y me dijiste

-Ven, vamos a otro lado.

Mientras caminábamos en silencio, apenas podía respirar y decía tonterías, escudándome en el alcohol. Tú no hablabas, y me estaba volviendo loca. Llegamos a un callejón y ahí sin mediar palabra me aprisionaste contra la pared y me besaste. Besos vehementes y ardientes, penetraban en mi boca con ferocidad, mi lengua se enroscó salvajemente con la tuya, ahogando gemidos, nos chupábamos los labios, los mordíamos y tu lengua penetraba en mí mientras tus manos se perdían entre mis piernas buscando rozar mi pubis a través de las medias.

Empezaste a acariciarme ahí abajo, mientras tu lengua seguía penetrando mi boca y notaba como se humedecía mi cuerpo bajo tus manos. Me estaba derritiendo, besabas mi cuello y apretabas tu cuerpo contra el mio, ahora sentía tu miembro duro contra mi pubis, me frotaba contra él, mientras tus manos buscaban mis pechos y los acariciaban a través de la ropa.

En ese momento oímos pasos y nos separamos, ese no era un buen lugar para saciar nuestras ganas.

Me llevaste a tu apartamento. Y allí se desató la más dulce locura. No llegamos a la cama, creo que recorrimos dos metros atrapados en besos, mientras nos íbamos quitando la ropa el uno al otro sin dejar de mirarnos y de besarnos. Me sentaste en un sillón y me abriste las piernas para perderte en mi vagina, lamiendo con auténtica experiencia, mi garganta solo expulsaba dulces gemidos de placer, apretaba tu cabeza contra mí mientras veía como tu lengua se introducía en mí, y luego tus dedos que se bañaban en mi mar de pasión.

-Vamos déjate ir- dijiste. Y exploté en una convulsión bestial, mientras tu alojabas tu boca en mis labios para beberte mi orgasmo.

Luego me dediqué a ti, cogí tu suave y duro miembro entre mis manos y lo acaricie arriba y abajo, mientras tu cara se relajaba y entreabrías los labios, sin dejar de mirarme y apartando mi pelo para poderme ver mientras me la introducía en la boca. De tu boca salió un delicioso gruñido, y entonces chupé más y más cada vez con más fuerza, otro gruñido y yo seguía, a veces con las manos y otras con la boca, un gruñido más y me apartaste de tu miembro. No querías acabar en mi boca.

Entonces, te sentaste en el sofá de tu modesto apartamento y yo me senté de espaldas a ti y fui introduciéndome tu miembro lentamente sintiéndolo deslizarse por mis paredes. En esa posición podías jugar con mis pechos, los acariciabas y pellizcabas, y con mi clítoris, acariciándolo con precisión, mientras yo subía y bajaba devorando tu miembro en mi interior que se agrandaba en cada bombeo. Una danza de arribas y abajos sin fin, mientras sonaban los ecos del placer por el apartamento, y los temblores de nuestros cuerpos. Noté que no aguantabas más cuando tus manos inclementes aceleraron el ritmo en mi clítoris y, entonces, cabalgué sin dar tregua sobre ti. Acabando en un tremendo orgasmo, caí rendida sobre tu pecho aún con tu mar en mi. Tus brazos rodearon mi cuerpo y así nos quedamos durante largos minutos.

Soñando lo que habíamos vivido.

3 comentarios sobre “Noches de Abril

  1. Me ha encantado….me gusta mucho el erotismo delicado y sensible, y tu narración lo tiene todo, haces sentir la pasión y la fogosidad del momento.
    El remate de la canción elegida de ENIGMA me ha terminado de poner los pelos de punta…y lo demás también. Te felicito.

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