NUESTRO VERANO

NUESTRO VERANO

Publicado el febrero 19, 2014 | Editar

Para Escuchar

Ángela se levantó temprano aquella mañana de sábado, totalmente adormecida preparó su café con leche y dos de azúcar y abrió el ventanal de la cocina para dejar paso al sol y a la brisa del mar. Con el café en los labios miró al mar sereno y al cielo azul.

Tras el segundo café, uno nunca era suficiente, subió a ducharse. Había quedado con unas amigas para ir de compras y ya se le hacía tarde. Un sencillo y fresco vestido de verano, sus imprescindibles espartos y una sonrisa frente al espejo del baño. Cogió su sombrero que colgaba del biombo y bajó las escaleras a saltitos y cantando.

Mediterráneo
Mediterráneo
Se paró en seco, a falta de cuatro escalones para pisar el suelo. No había oído el timbre, al pie de la escalera estaba Marcos, con una ligera sonrisa en su moreno rostro y los ojos fijos en ella.
Miles de preguntas martillearon la cabeza de Ángela en cuestión de milésimas, mientras, sin apenas darse cuenta, estaba saludando a Marcos sintiendo sus besos próximos a la comisura de sus labios.

Hacía cinco años que habían perdido todo contacto, desde que él se casó. ¿Cómo la había encontrado en aquel pueblecito de mar?

A las 11:11 de aquel hermoso sábado del mes de Julio dio comienzo el día más inolvidable y maravilloso para Ángela.

El día que recordaría hasta en el último aliento de su corta vida.

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Callejeando
Pasearon por las blancas callejuelas del pueblo, cogidos de la mano, sonrientes. Aquel día todo brillaba más, la casas parecían recién encaladas, las bugambilias adquirían diversas tonalidades y las personas con las que se cruzaban al pasar se contagiaban de aquel amor que irradiaban Marcos y Ángela.
Disfrutaron del cálido mar, se abrazaron, se besaron, nadaron, rieron a carcajadas. Fueron libres y ellos mismos, perdidos durante tanto tiempo.
Llegó la noche y Marcos la sacó a bailar,

el sueño de Ángela, un baile con él.

 Bailando

Ella pudo sentirlo a él a través de la música despertando todos sus sentidos, su cabeza se embriagaba con el perfume de Marcos y el calor que desprendían sus manos al sostenerla por la cintura.

Marcos no podía contenerse más a todo lo que el anhelado cuerpo de Ángela le gritaba hacer con él. Se pararon y durante segundos sus ojos se encontraron, Marcos cogió la mano de Ángela y salieron del pub.

Miradas que besan

Aquella noche se amaron frente al balcón abierto al mar. La Luna eterna iluminaba la habitación mientras aquellos amantes perdidos se reencontraban entre las sábanas.

verano
A mi Mar.

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