Nunca estuve Perdida

perdida
Perdida

Cómo cuesta caminar entre caminos mal trazados, entre señales descolocada, en donde un sigue recto se transforma en un gira a la derecha.

Entre intersecciones que ya sabes que no llevan a ningún lugar nuevo, sino a dar vueltas una y otra vez sobre el mismo camino mal trazado.

Te dicen perdida, te crees perdida, cuando tienes tan claro, dentro de ti, cual es tu senda, tu ruta, tu GPS interior que no falla.

Ignora las voces que gritan por ahí no, ese camino es peligroso porque no lo transitan muchos.

Como si te importara algo lo que opinan los que tienen miedo a pisar solos el suelo, como si las huellas pegadas entre sí anunciaran que ese es un lugar seguro.

Mareada, perdida nunca, desorientada por tanta ambigüedad, abatida. Porque las piernas flaquean y necesitas tal vez apoyarte en alguien, un desvío para tomar aliento, nunca perdida.

Construyendo tus propias señales para que entiendan tu idioma, palos, círculos, triángulos angostos.

Mirar atrás y ver la delgada silueta de tus huellas en el fango, tan ligeras unas veces, tan profundas cuando cargas entre tus brazos lo más importante que camina contigo.

Apartando ramas espinosas que arañan el nuevo sendero de lágrimas.

Se permiten juzgar cada paso dado, cada vía escogida, cada salida, cada huida, cada giro… por llegar a tu destino.

Cuánto se permiten los que no tienen pasos.

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