Sexo en moto

19-Junio-2013

Cómo no me acordaba de lo que me gustan las motos!!!

Me encantan, las adoro, me vuelven loca!!!!

No me gusta verlas en televisión, me encanta montarlas y que me lleven. Sí, he montado muchas veces en moto de paquete…me encanta esa sensación.

amor en moto

No había que llevar casco y mi pelo volaba libre al viento.

Recuerdo 😉 que una vez pasaste a recogerme. Llevaba mis vaqueros bien apretados y una camiseta blanca de tirantes pegadita, era verano. Recuerdo tu sonrisa, o tu medio sonrisa al decirme sube y al recorrer mi cuerpo con tu mirada de arriba a abajo, creo que mis tacones temblaron un poco sobre el asfalto al ver cómo me mirabas.

No mentiré y diré que tengo el alma libre pero miedosa,

así que primero me sujeté levemente a los lados de tu cintura, coloqué los pies y arrancaste…brummm. Notaba el olor a tu perfume y a cada cambio de marcha, me aproximaba un poco más. Semáforo, plammm. Mi pecho quedó aplastado contra tu espalda.

– Agárrate fuerte, dijiste,- que ahora vamos a ir rápidos, te voy a llevar a ver la luna.

Riendo te pregunté -¿y a las estrellas no?-.

Verde, brummm, me apreté fuerte, esta vez rodeando tu cintura fuertemente.

Poco a poco nos fuimos alejando de la ciudad, la tarde caía y enfilamos hacia una carretera que llevaba a una montaña donde veríamos el mar.

Ibas más despacio, y empecé a rozar tu cuello con mi boca, sin llegar a besarte, caricias de labios, mezcladas con tu olor, mi nariz rozó tu cuello. Mis manos seguían rodeando tu cintura, pero sentí el deseo de tocar tu paquete. Reaccionó en seguida al contacto de mi mano, pude sentir como se iba endureciendo. A la vez, comencé a restregar mis pechos contra tu espalda, mordisqueando tu cuello levemente.

Quedaba poco para llegar, así que continué con mis caricias sobre tu miembro.

Detuviste tu moto, te giraste y me besaste, -dios,- profundamente y ardiente.

Anclaste bien la moto y me senté delante de ti y los dos contemplamos el mar y poco a poco la luna que salía tímida del cielo. Hundiste tu cabeza en mi pelo y oliste mi cabello rizado, te encantaba su olor. Me lo apartaste y comenzaste a besar mi cuello, más suavemente de lo que lo había hecho yo, oliendo toda mi piel, tus manos comenzaron a buscar mis pechos y yo me erguí un poco para sentir tus manos por todo mi torso.

Descendieron hacia mi pubis.

-Hummm -molestaba el vaquero.

Me levanté cuando ya había oscurecido y lo arrojé al suelo, también la camiseta. Tú te quitaste la camiseta y te abriste el pantalón.

-Ven, siéntate en mí.-

Y con una sonrisa y sin dejar de mirarte rodeé tu cuerpo, abrazándolo con mis piernas, y comenzaste a introducirme tu miembro en mí, -uy -dolía un poco porque no estaba del todo húmeda, pero te podía sentir dulcemente, sentía como mis paredes se iban abriendo para darte paso, te sentía duro y fuerte, pero a la vez cálido y dulce, me besabas devorándome, y pellizcabas mis pezones.

Ya, perfectamente, acoplada a ti, comencé a montarte,

– SIII, mi moto, guau…-

Subía y bajaba sobre ti cada vez más rápido, gemíamos, sin dejar de besarnos. Eché mi cuerpo hacía atrás mientras seguías dentro de mí, rodeé tu cuerpo por detrás con mis piernas y tú sujetaste mis caderas para llevar el ritmo, a veces casi salías y otras entrabas de golpe, mi pelo colgaba libre detrás del manillar, volando con la brisa marina.

-Vamos nena-, y empezaste a empujar con fuerza,- corrámonos juntos, dijiste- y noté como me iba llenando de mi propia humedad hasta que sentí cómo mis paredes se cerraban apresando tu miembro para estallar, empujaste más fuerte y gritamos a la vez, me levantaste y nuestros cuerpos quedaron pegados hasta el final del orgasmo. Apretados en un fuerte abrazo de brisa de mar.

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