Una cara más de la violencia de género.

Claudia era una mujer normal y sencilla, muy alegre y sociable. A lo largo de su vida, había estado rodeada de personas de muchos lugares distintos debido al trabajo de sus padres, ofreciéndole la oportunidad de conocer diferentes ciudades, gentes y culturas. Ella, disfrutaba aprendiendo y absorbiendo cada color de esas tierras. Siempre fue tratada con respeto, cariño y amabilidad por los amigos que iba haciendo por el mundo.

Pasó el tiempo y conoció a Ramón con el que se casó felizmente. Un hombre alegre y un poco introvertido; la vida pasaba y dado el carácter de él y los problemas de ella, pérdidas y soledades, comenzaron a encerrarse en un mundo muy pequeño. Si salían era casi siempre con el mejor amigo de Ramón, Martín, y su grupo.

Claudia era una mujer confiada y pronto se hizo amiga de Martín, una persona fuerte y con altas cualidades para el liderazgo. Sin embargo, ella, no tardó en darse cuenta de cómo lo ejercía, el truco estaba en menospreciar a toda la gente de su alrededor e incluso a envenenar a unas contra otras generando conflictos, de los cuáles él salía ileso, ya que era experto en controlar a las marionetas que tenía alrededor haciendo que se enfrentasen entre ellas, en un extraño juego de poder en el que Martín observaba en silencio. A veces, una pequeña sonrisa asomaba a su rostro dibujando una fina línea en su labio inferior.

El marido de Claudia admiraba a Martín, quería ser como él; pero, en cuanto se casaron, comenzaron las bromas bastante soeces y groseras hacia Claudia por parte de Martín; ella, al principio inocentemente y luego cada vez más enfadada, míraba a su marido mientras que él consentía todo riéndose de las burlas y, si había exceso de copas, Ramón acababa humillando públicamente a Claudia, ya que de eso iba el juego. Casi todas las bromas eran de tipo sexual, no había que ser un lince para deducir lo que esa podrida cabeza de Martín imaginaba hacer con Claudia. La hacía protagonista de todo tipo de posturas.

Claudia, ya hasta el moño, y un poco perjudicada por aquel juego constante, habló con su marido del malestar que aquellas faltas de respeto le generaban. Y llegó aquella noche de fiesta, de risas, de alcohol, y como no Martín y su lengua envenenada.
Serían las cuatro de la mañana cuando Martín empezó con sus babosadas, y esta vez Claudia no pensaba consentirlo más pués en eso habían quedado su marido y ella. Avisó a Ramón y se marcharon a casa, por el camino le contó lo que le había dicho Martín para que hablara con él, pero Ramón se dió la media vuelta y volvió al bar sacando a su amigo por el cuello para pegarle mientras los demás amigos intentaban separarlos.
Claudia gritaba nerviosa, muy nerviosa y con lágrimas en los ojos. Un largo paseo les separaba de su casa y por el camino Claudia intentó tranquilizar a Ramón, que iba muy pasado de copas y medio tambaleándose por la calle, haciéndole ver que no era eso lo que ella pretendía, se trataba de que hablara con su amigo…
Le pilló completamente por sorpresa, Ramón con un gesto rápido agarró a Claudia del cuello, apretándole y la estrelló contra un muro de la calle, pegó su cabeza a la de ella, sus ojos inyectados en sangre y un nauseabundo olor a alcohol la hacían presa de aquel frío muro de piedra. No había nadie en aquel bonito paseo, lleno de árboles y jardines, sólo un loco y aquella pared. “Mira lo que me has hecho hacer” repetía Ramón.
Claudia estaba paralizada, no podía separar su mirada de aquellos ojos encendidos de sangre y notaba la dureza de la piedra y las manos en su cuello. A partir de ahí no recordó nada más de aquella noche, ni cómo llegaron a casa, ni cómo consiguió zafarse de aquellas manos, absolutamente nada.
Nada.

2 comentarios sobre “Una cara más de la violencia de género.

  1. Creo q Ramon estaba más enamorado d Martín q de Claudia !! Hay gente q idealiza tanto a un@ amig@ .. Q acaban siendo "Patanes" … Gracias por tu relato 😉

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