Vive Tú Así

Vive
Lo esencial se resume en vida

Hay historias que comienzan con un grito desesperado hacia la libertad, que no será el único, ni el último que haya que dar.

Desde hace un año trabajo en una de las oficinas del centro de documentación  para mujeres resistentes al virus GV. Gracias a las investigaciones de la doctora Vega en el campo de la biología, pudimos descubrir que los altos niveles de envenenamiento del aire a los que estaba sometido nuestro planeta, había provocado un cambio evolutivo en todas las especies.

En el caso de los humanos los alimentos que ingerían afectaban directamente al cerebro, mientras que unos nacían adaptándose a la nueva era, otros muchos acabaron involucionando y durante siglos estuvieron al mando del orden mundial. Había muchos tipos de violencia pero sólo la GV no diferenciaba género, niveles educativos, cultura, ideología, ni raza. Tampoco los sujetos que la ejercían tenían unos patrones de conducta similares en todos los casos, en rasgos generales, no determinantes salvo en casos extremos, poca tolerancia a la frustración y falta de control de los impulsos.

Analizaron cada etapa de la humanidad, el sometimiento generalizado de la mujer al hombre hasta la revolución industrial y la expansión demográfica de la población mundial. Ni las guerras, ni la globalización, ni las sociedades más evolucionadas se distinguían unas de las otras en este campo.

Se crearon leyes, protocolos, campañas, eslóganes, miles de movimientos donde las afectadas no callaban, clamaban a la luz de un mundo que las oscurecía. Vimos mujeres quemadas, mutiladas, desfiguradas. Vimos madres muertas en vida tras ser asesinados sus hijos. Vimos incomprensión hipócrita de un “yo no me dejo”, tampoco ellos humanos, tampoco ellas.

Asistimos a las soluciones basadas en denuncias y sentencias demenciales. Creadas y aplicadas por los mismos afectados, dotadas de mucha letra y muy poca humanidad.

La protección a esas mujeres fue uno de los mayores logros conseguidos, policías, asistentes sociales, psicólogos, casas refugio, fundaciones que no cobraban porque los recortes, extrañamente, repercutían siempre en lo mismo, siempre en las mismas, mujeres y  niños, al desorden del planeta.

Ahí encontraron el apoyo, las guías y a sus iguales tan distintas, porque no se parecían en nada pero las aquejaba el mismo MAL. Un apoyo humano incalculable en voluntad, cariño, esfuerzo y labor por reconstruirlas pero insuficiente en cuanto a libertad. La única salida era su seguridad a cambio de su ya mutilada libertad.

¿Eran libres cada día que miraban sus pequeñas muñecas  y veían una pulsera para avisar a la policía?

¿Eran libres cuando caducaban las órdenes de alejamiento e imposible de determinar si el sujeto seguía siendo violento?

¿Eran libres cuando tenían que llevar escolta policial, o los más novedosos sistemas de perros leales escoltas?

Supongo que eran libres cuando se metían en la cama y veían que aún seguían vivas, al fin y al cabo sobrevivir es lo que contaba. No lo sé, tal vez contaba el que no se nos muera ninguna más, de cara a la opinión pública, porque seguras estaban pero ¿libres?… Vive tú así.

Fue esta última campaña: “Vive tú así”, la que dío un giro a las investigaciones de la doctora Vega.  Tras años de muchos estudios consiguió crear una sustancia inhibidora de la violencia en los sujetos, hombres y mujeres, portadores del virus VG. El VTA era una sustancia insabora, incolora y muy soluble. La solución estaba en la fuente de vida del planeta, diluida en el agua se propagó a la velocidad de las ondas y los saltos de agua.

Pasaron muchos años sin que nadie se preguntara jamás porqué los afectados por el GV fueron desapareciendo de la Tierra, de forma natural como se extingue una especie inadaptada, como se extingue una especie que no se puede volver a reproducir… Vive Tú Así…

Este escrito es para colaborar en la campaña solidaria de http://scripto.es/

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